Autolesiones no suicidas tras un intento de suicidio: distintos patrones, distintos riesgos

Un estudio longitudinal analiza cómo evolucionan las autolesiones no suicidas durante el año posterior a un intento de suicidio y su relación con el riesgo de reintento

  No todas las autolesiones no suicidas siguen el mismo curso después de un intento de suicidio. Algunas personas no las presentan, en otras aparecen durante el seguimiento, en otras remiten y en un grupo más vulnerable persisten en el tiempo. Esa diferencia, según un nuevo estudio publicado en Journal of Affective Disorders, puede ser clínicamente relevante para comprender el riesgo de nuevos intentos suicidas.

          La investigación siguió durante 12 meses a 685 adultos atendidos en servicios de urgencias tras un intento de suicidio. El equipo identificó cuatro trayectorias de autolesión no suicida: ausencia mantenida, aparición durante el seguimiento, remisión y persistencia. El patrón más frecuente fue la ausencia mantenida de autolesiones. En cambio, el 17% de los participantes presentó autolesiones persistentes entre la evaluación inicial y el seguimiento a 12 meses.

            Este último grupo mostró un perfil clínico especialmente complejo, con mayor malestar psicológico, más antecedentes traumáticos, mayor impulsividad y mayor capacidad adquirida para el suicidio, un concepto que alude a la habituación al dolor, al daño corporal o al miedo a morir. Un hallazgo especialmente relevante fue que las personas en las que aparecieron autolesiones durante el seguimiento tendieron a reintentar antes. En cambio, en el grupo con autolesiones persistentes, el trastorno por estrés postraumático apareció como un predictor relevante del reintento durante el seguimiento.

             Uno de los aspectos más relevantes del estudio es que las autolesiones no suicidas no parecen tener un único significado clínico. En algunas personas pueden funcionar como una forma de manejar emociones intensas o reducir momentáneamente la tensión psicológica. Sin embargo, los autores advierten que esto no debe interpretarse como un efecto protector estable. La persistencia de estas conductas se vinculó con una mayor vulnerabilidad clínica y con indicadores de gravedad psicológica.

           El estudio invita a reflexionar que, tras un intento de suicidio, las autolesiones no suicidas no deberían evaluarse como un dato estático, sino como una señal cuyo curso puede revelar distintos niveles de vulnerabilidad.

Trabajo original:

Arqueros, M., Diaz-Marsá, M., Suarez-Soto, E., de la Torre-Luque, A., Andreo-Jover, J., Ayad-Ahmed, W., et al. (2026). Post-attempt NSSI patterns and timing of reattempt: Descriptive trends and adjusted hazard over 12 months. Journal of Affective Disorders, 403, 121399. https://doi.org/10.1016/j.jad.2026.121399